PALACIO DE LOS AMÉZAGA.

El norte, en este caso concreto, Vizcaya, bien por su orografía, sus montañas, bosques y cuevas, ha sido un enclave para toda clase de leyendas.
Sobre todo de brujas, que aprovechando lo recóndito de sus bosques y montañas, se reunían en lugares ya malditos para siempre, para celebrar sus aquelarres y sus pactos con el diablo.

Aunque en la antigüedad,en el norte,  temían a seres como duendes, trasgos, la santa compaña y sobre todo a las brujas, pues se decía que podían hacer que se agriase la leche, la cosecha no prosperase,las mujeres no pudiesen parir o incluso secuestrar niños para sus ofrendas al Diablo, también  empezarían a calar las leyendas de fantasmas, espíritus y maldiciones. Seres que por alguna causa se quedaban entre nosotros después de muertos, bien por alguna causa pendiente, o bien por que los habían maldecido en vida.

Un buen ejemplo es la historia del Palacio de los Amézaga.



Este palacio se encuentra en el término municipal de Güeñes, y antes de ser palacio era una gran casa solariega perteneciente a Baltasar Hurtado Amézaga, un bravo y valiente soldado al servio del rey.
Un buen día en el siglo XVIII el señor de Amézaga invitó a su majestad Felipe V, a conocer el hermoso valle y su hogar.
La respuesta del monarca fue:''No creo que en Güeñes y todos sus alrededores haya una casa que pueda albergar al Rey.''

Dolido en su orgullo el valiente soldado decidió transformar su casa en un verdadero palacio, pero su muerte luchando en Flandes , detuvo el proyecto. Cuenta la leyenda que en su testamento dejó escrito que ni se vendiese ni se terminase. Esto último extrañó mucho a las personas, dando más crédito a todas las leyendas que se forjarían sobre el palacio.

La leyenda cuenta que uno de los hijos, murió de una extraña y contagiosa enfermedad, y las ropas del muchacho fueron regaladas a un joven vecino, que sin pasar mucho tiempo murió también. Empezó a rumorearse de una maldición de la familia.
La madre del vecino muerto, se volvió loca por la perdida de su hijo, y cuando las personas pasaban cerca de la casa, oían espantados sus gemidos y gritos de locura.
Después de un tiempo la madre falleció, e incluso después de muerta los espantados lugareños, oían los gemidos de una mujer llorando por su hijo muerto. Por lo que los vecinos de Güeñes empezaron a temer pasar cerca de la zona, sobre todo en la noche.

Otra de las leyendas es que unos nobles celosos, de la valentía y medallas del Señor de Amézaga y del palacio que se estaba construyendo decidieron enviar a un jorobado, en busca de un judío dedicado a la hechicería, en Balmaseda para que echara una maldición a los Amézaga y su obra quedase inconclusa.
A cambio  el jorobado vendería su alma al diablo, en el monte Serantes al pie del mar. Allí realizó su pacto y la maldición se cernió sobre los Amézaga  y su palacio quedó inconcluso y su familia maldita.

Año tras año sus hijos ,arquitectos todos, intentaban terminar la obra que había empezado su padre, pero todos morían antes de poder hacerlo.


Al final el palacio fue deteriorándose con el paso del tiempo, y cubierto por la maleza. Muchas son las historias a lo largo de los años, de personas que han oído lamentos, gritos, sombras y presencias que te observan desde el interior.
Incluso pasos apresurados tras su puertas.

¿Realidad o ficción? No lo sabemos. Pero ya forma parte de otro de los lugares encantados de España.

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